sábado

Prólogo Recordando el olvido

Prólogo

La lectura de este trabajo de Miguel Di Fino, entrañable amigo del “pago chico” me resultó conmovedora. Su estilo minucioso, propio del que pretende señalar cada detalle histórico con seriedad y con la precisión que el tema requiere no carece de sensibilidad y cuidado para con sus lectores. Algunos recorrerán sus páginas evocando sus ausencias, sin dejar de experimentar la dolorosa situación de volver a atravesar el recuerdo del horror que impunemente les obligaron a vivir. Es probable que algunos otros se vean reflejados en estas páginas desde lo que fue su actitud cobarde o indiferente para con aquel otro, su semejante, su vecino, su pariente que de un día para otro dejó un hueco para el que las palabras nunca trajeron alivio y claridad. No faltarán los que volverán con la triste frase que nos hartamos de leer y escuchar: ”algo habrán hecho”. Nada justifica el accionar cobarde del Estado terrorista que poseyendo las herramientas necesarias para actuar con humanidad, arrasó con la vida de hombres, mujeres, niños y familias enteras despojándolos de su derecho a la vida, a la justicia y a la libertad.

Miguel investigó y escribió desde un compromiso personal con la memoria, se valió para ello de la legitimidad de documentos como así también de entrevistas a familiares y amigos que dignamente rememoraron flagrantes violaciones a las que dolorosamente fueron sometidos. Su actitud coherente y responsable no se condice con la de muchos que en estás páginas son mencionados y que en aquellos años de persecución y violencia colaboraron concientemente con un plan siniestro de destrucción masiva de seres humanos, ideas y proyectos que no coincidían con sus planes fascistas que abarcaban tanto el aspecto político como el económico y social. Cuando una voz se alza contra la impunidad de esos años de infamia, un inmenso alivio nos recorre, porque sabemos muy bien que cuando una sociedad pretende ocultar sus años trágicos el futuro no tiene ninguna chance de buen desarrollo. Algo está cambiando. Hoy podemos comprobar gratificados y con cierta esperanza que las causas judiciales están en marcha; ya se han dictado algunas sentencias a los autores responsables de crímenes de lesa humanidad. El debate se ha desatado en un panorama con diversos matices. Allí están los familiares que aplauden con emoción las sentencias que condenan a los asesinos de sus seres queridos; del otro lado los represores que sin arrepentimiento alguno siguen esperanzados en lograr evadir el castigo lógico a sus actos delictivos: la cárcel común. No faltan los agoreros de siempre que sin la reflexión profunda que el tema merece vuelven una y otra vez a pronunciar la machacada teoría de los dos demonios.

Este trabajo es una respuesta firme frente a tanta indecencia. Su autor se pone de pie frente a la infamia y denuncia, esclarece y cuenta lo que investigó, aviva el fuego de la esperanza. Sé que no fue fácil para él meterse en las entrañas de este infierno: tuvo que contener sus emociones para ser fiel en su relato, repensó una y otra vez lo que expresaba para lograr llegar con claridad a sus lectores, arriesgó desde la pluma certezas masticadas en la soledad del escritor que es leal a sus principios. Su objetivo es más que evidente y está logrado: hacer visible lo que se insiste en ocultar en las tinieblas por los intereses deleznables que, aún después de años de recuperación democrática, persisten.

El oscuro plan de represión y exterminio que conformó el cínicamente llamado ”Cordón Rojo de la Ribera del Paraná” fue planificado y ejecutado como parte de un propósito mayor que abarcó a todos los que de una forma u otra participaron en luchas obreras por reclamos justos , a militantes que equivocados o no en sus métodos quisieron cambiar su país por uno más libre y equitativo en el reparto de sus riquezas, a docentes que pretendieron hacer pensar a sus alumnos y a alumnos que por pensar fueron condenados a desaparecer.

La siniestra colaboración empresario- sindical burocrática- cívico- militar que se organizó en nuestra zona desembocó en la persecución y exterminio de un numeroso grupo de hombres y mujeres que desplegaban su participación en actividades gremiales y políticas. Hermanos, amigos y compañeros fueron vilmente espiados, masacrados y desaparecidos por agentes de la dictadura que se organizaron en redes de mutua colaboración. Di Fino recogió y transcribió los duros testimonios de los que con pesar relataron sus memorias. Denunció en su trabajo, sin omitir nombres, a los serviles personajes que todavía caminan por las calles de nuestra ciudad negando el certero golpe del impacto que produce la memoria de una historia recientemente ocurrida. Leyendo su trabajo surgieron múltiples vivencias: dolores, broncas, recuerdos de infructuosos recorridos en la inútil búsqueda de paraderos compartidos por miles de ciudadanos hermanados por injusticias silenciadas o miradas indiferentes y cómplices de muchos vecinos que ligeramente aún hoy justifican el beneficio o conveniencia del olvido sin advertir que los que construyeron su moralina inconsecuente son los mismos que hoy conspiran en las sombras para acallar la verdad, para eliminar las pruebas, para seguir transitando impunemente en la injusticia.

Cito de memoria un pensamiento de Jean Paul Sartre: “No importa lo que hicieron con nosotros; importa lo que nosotros hacemos con lo que hicieron con nosotros.”

Irrebatible verdad. Provenimos de una historia singular y colectiva, nos insertamos en un imaginario que nos precede y nos trasciende, pero somos constructores de nuestra realidad, no le somos ajena. Los cimientos que armaron este andamiaje social, esta ideología ciudadana teñida de influencias “fachistoides”, este imaginario colectivo “campanero” y “siderquiano”, parido en la Italia de la ”mamma Dálmine” y radicado en este suelo por los años cuarenta, son identificables en nuestra historia local. Nuestra realidad está teñida y contaminada con esta ideología, la vida familiar, las costumbres, la escuela, las instituciones, la política, el descanso y el ocio. Así fue desde mediados del siglo veinte y así se manifiesta en la actualidad. La “fábrica” pauta nuestra vida y nos determina pero podemos modificar esta realidad, podemos pensar, podemos transformar nuestra cotidianidad, podemos reflexionar, hoy vivimos en democracia y eso nos permite leer este trabajo sin temor a represalias.

Miguel Di Fino demuestra en su obra la fertilidad que este imaginario fabriquero brindó a los rapiñeros de los” años de plomo”. La vincularidad cómplice de usurpadores del poder político con los representantes del empresariado económico local que consolidó una hegemonía poderosa que protegió, sustentó y multiplicó la máquina devastadora de la dictadura con el claro propósito de obtener beneficios afines a su proyecto socio- económico.

Esta investigación nos posiciona frente a una dura realidad “macartista” que se desplegó en esos años nefastos, la delación, las listas negras que circulaban por diferenes ámbitos, sobre todo en las empresas, la sospecha instalada en la sociedad. La naturalización irresponsable de la justificación de la desaparición de personas por sus ideas políticas, por su actividad gremial, por su militancia, por su relación personal con el otro sospechado de “subversivo”.

La barbarie reinó entre los años setenta hasta la recuperación democrática en el ochenta y tres. En estas páginas no se omite el vil accionar de la Triple A, maquiavélicamente instrumentada por José López Rega durante el gobierno de Juan Domingo Perón. Desde las sombras y con el amparo político del viejo caudillo asesinó, encarceló y obligó al exilio a muchos de nuestros conciudadanos que sufrieron la separación obligada de sus familias, amigos y trabajos para salvar sus vidas amenazadas.

La comprensión de esta realidad nos involucra a todos, la crítica profunda de lo sucedido en nuestro país en la década del setenta es una obligación insoslayable. Todavía nos debemos un debate profundo de lo ocurrido en esos oscuros años. Miguel se toma el trabajo de aportar valiosa información que es necesario conocer. Si no actuamos consecuentemente en este sentido, hechos gravísimos como la desaparición en democracia del innegable ya convertido en héroe Julio López nos acecharán desde las sombras.

Investigaciones como la que el autor de “Recordando el olvido” nos brinda tan generosamente nos ayudan a sostener esperanzas en la transformación de estos imaginarios colectivos instalados en la población. Es necesaria y obligatoria esta tarea.

Aquí, en esta nuestra ciudad y las ciudades lindantes que fueron escenario de horror y son el país que habitamos, en estos tiempos que corren, con estas herramientas que nos ofrecen para poder profundizar en nuestra realidad, juntos, por nosotros, por nuestros desaparecidos, por nuestros hijos, no olvidemos los sueños de justicia que son la real posibilidad de transformación, no contribuyamos a la triste fantasía de depositar en el destino las posibilidades de cambio.

La lectura de este trabajo nos remite a nuestra historia reciente, nos emociona, nos conmueve con sus testimonios, nos promueve inquietudes.

Sigamos buscando, gritemos la verdad, que todos la escuchen, que llegue a muchos más que los familiares heridos, a todos y cada uno de los vecinos de estas ciudades que deben saber que aquí un huracán de terror devastó impunemente.



María Josefina Labarthe

Enero del 2010

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