martes

El Hado y la Maga

Cierto día en la lejana aldea donde todos los cuentos ocurren se despertaron un poco convulsionados. La noche anterior había soplado un viento sospechoso, no pareció muy virulento mientras ocurría. O bien lo fue, pero la mayoría de sus habitantes no lo notaron desde la extraña perspectiva de sus ventanas de doble vidrio coloreado por los grupos de “ventanistas” de dicho pueblo.

En ese amanecer todo resultaba más o menos normal, siempre visto desde aquellas ventanas extrañas. Cuando el primero de sus habitantes decidió salir de su casa notó que muchas cosas habían cambiado de lugar, otras no estaban, y algunas misteriosas habían aparecido. Era un panorama desordenado, como si mágicamente las cosas nuevas se hubieran posado y esperaban por las personas que las organizaran donde mejor les pareciera.

Ese primer habitante comenzó a gritarles a sus vecinos, y estos paulatinamente comenzaron a salir de sus casas y a compartir eso que él contemplaba.

Los ventanistas se apuraron a pedirles a las personas que regresaran a la seguridad de sus hogares, que desde sus maravillosas ventanas podrían observar como un departamento especial del grupo “Ventanal” se ocuparía de organizar las cosas nuevas en el sitio que correspondían, restituirían las que se habían volado y volverían a su posición ideal a las que habían sido movidas.

La gente desconfió, algunos decidieron remover sus ventanas. Y comenzaron a ver las verdaderas intenciones del grupo “Ventanal”, la cual no era solamente vender ventanas bonitas.

Hoy, a diez años de aquella brisa, algunas de las cosas que ese maravilloso viento sopló lejos aparecen nuevamente en las calles de ese pueblo. Maquilladas, claro está, por el departamento de mercadeo del grupo Ventanal. Quienes tienen el descaro de anunciar “maravillosas” reformas en el pueblo (en la infraestructura, claro está). Y planean instalar una gran ventana sobre el rostro de cada habitante. Dicen los más desconfiados que el grupo planea eso para que no vuelva a ocurrir, como hace diez años, que alguien incite a remover las hermosas y cómodas ventanas que el grupo puso en cada hogar.

Ahora el grupo Ventanal y sus departamentos especiales [de cipayos] tratan de explicar que los árboles son azules y fucsias, que los perros dicen “miau” y que los ladrones son en realidad exitosos y altruistas Empresarios.

Desde esta redacción del pueblo de los cuentos les avisamos; el pueblo ya espió la realidad por fuera de sus bonitas ventanas. Avisen al señor Duhalde que sus dichos (y labor para el grupo Ventanal) ya están desnudos frente a nuestros ojos. Ya no nos engañan, solo nos oprimen por la fuerza.

Se dice también que intentará desbancar a la actual alcaldesa del pueblo. Pero el pueblo, si eso llegase a ocurrir, no se quedaría sentado tras la linda ventana. Si, es una amenaza, lisa y llana.


jueves

El Negro JJ es de Guernica

por Rubén Greco Rótolo

Juan José López es de Guernica, y desde hace años que de alguna manera nos pone en el mapa como ciudadano destacado. Desde que hacía goles en Argentinos Juniors, o en River Plate, hasta hoy sentado en el banco del estadio Monumental (¿Alguien recuerda a Antonio Vespucio Liberti? Quien da el nombre a ese estadio)



Algunos dicen que se olvidó de estos lares, otros que esto no es así. Lo cierto es que Guernica figura en todas las versiones de su biografía. Y fue acá donde metió sus primeros goles, esos que aún no eran gritados por miles de gargantas enfervorizadas.

Pienso en JJ, y al mismo tiempo pienso en todos aquellos notables que nuestro pueblo, devenido en pujante ciudad, vio nacer y crecer. Esos grandes hacedores que, ignotos, erigen el buen nombre de un pueblo que de a poco intenta construirse a sí mismo.

Hace poco en un club cercano al Parque Rivadavia se presentó la tercer edición de la revista ELBA, textos desde la cárcel. Desde hace un buen tiempo Luis “Chino” Sanjurjo, vecino de Guernica, coordina un taller en la Unidad Penitenciaria de Ezeiza y en el penal de Marcos Paz. En el mismo, detenidas y detenidos, estudian la obra fundamental del filósofo francés Michel Foucault. Como resultado de ello se edita una revista que reúne textos, pensamientos y reflexiones de los presos.



La experiencia de compartir una tarde con esos chicos y esas chicas, que intentan derribar la frontera del prejuicio hacia los presos; escuchar sus opiniones, leer junto a ellos sus textos, comer un asadito (aún con la férrea custodia del personal del Servicio Penitenciario Federal) fue muy gratificante. Del mismo modo resulta tan gratificante saberme vecino de Luis Sanjurjo, tan notable como el Negro JJ López. Aún con golazos menos celebrados me merece el mismo orgullo como guerniquense.

Del mismo modo en que la obra de López y la obra de Sanjurjo nacieron en Guernica; ¿Cuántas otras grandes obras se estarán gestando en nuestro pueblo? Es nuestra la responsabilidad de que no pasen inadvertidas, es nuestro el deber de apoyar a nuestros notables.

Hay que generar espacios, y esa es responsabilidad de todos. Medios, voces, lugares. Desde estas humildes líneas insto a todos a colaborar por el futuro grande de Guernica, y que no sea solo discurso. A nuestros gobernantes les queda la ardua y diaria tarea de descubrir esos talentos locales, y que no nos dejen la única opción de emigrar. Queremos seguir construyendo a Guernica grande, a Presidente Perón emergente, a nuestra cultura argentina engrandecida desde este páramo del conurbano.

Que ya ha dejado de ser una simple ciudad dormitorio, como dice nuestro intendente, para convertirse en una verdadera cuna de notables.

¿Seremos capaces de aceptar nuestro destino y trabajar por ello?

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